¿Se adapta el corazón al ritmo de las canciones?

Las personas que cantan juntas tienden a sincronizarse biológicamente. La forma en la que se respira al interpretar ciertos repertorios, como los que se dan en un coro musical, hace que la frecuencia respiratoria y cardiaca se acompasen entre los cantantes, afectando incluso a su sistema nervioso que modifica los mensajes que envía al cerebro y al corazón, lo que hace que sientan una conexión especial.

Dicen que la música amansa a las fieras pero, ¿hasta qué punto puede modificar los ritmos biológicos del cuerpo humano? ¿Son las melodías capaces de alterar los sistemas internos hasta tal punto que modifique nuestra salud y promueven el bienestar? Y si se interpreta al unísono un repertorio, ¿podría modificar la creatividad de cada uno para trabajar de forma coordinada?

Para responder a todas estas preguntas, investigadores del Instituto de Neurociencia y Fisiología de la Universidad de Gothenburg (Suecia) evaluaron a 18 personas sanas a las que les pidieron realizar varios ejercicios con diferentes niveles en la estructura de una canción. En primer lugar, tuvieron que tararear en un único tono y respirar cada vez que lo necesitaran. También tuvieron que cantar un himno tal y como lo creyeran oportuno y, como última práctica, cantar un mantra lento y respirar solamente entre las frases. Durante la realización de todos estos ejercicios, se les controló la frecuencia cardiaca.

En el mismo estudio, se llevó a cabo otro análisis de un grupo de cinco personas que tenían que interpretar diferentes canciones al unísono mientras que se les anotaba un registro de la profundidad y frecuencia de su respiración o de la temperatura de sus dedos, entre otras medidas.

«Cantar regula la actividad del nervio vago que está involucrado con nuestra vida emocional y nuestra comunicación con los demás y que, por ejemplo, afecta a nuestro timbre vocal. Las canciones con frases largas logran el mismo efecto en la respiración que los ejercicios de respiración de yoga. En otras palabras, a través de las canciones podemos ejercitar un cierto control de nuestro estado mental», explica Björn Vickhoff, principal autor del estudio, que reconoce estar fascinado por el efecto de la música en el cuerpo humano y que espera encontrar fórmulas para que la música pueda utilizarse en medicina, por ejemplo en rehabilitación o de forma preventiva.

De hecho, en el estudio, cuyos datos publica la revista ‘Frontiers in Neuroscience’, mostró que las canciones coordinadas, como un mantra, y las no coordinadas, como cuando se tararea algo, afectan a los latidos del corazón de los cantantes mientras cantan. En concreto, la frecuencia cardiaca oscilaba en función de la velocidad y estructura de la música. Además, cuando cantaban en coro, el pulso de cada individuo tendía a aumentar o disminuir de forma similar.

«En el caso de la respiración controlada, la frecuencia cardiaca (el pulso) disminuye cuando exhalas y aumenta de nuevo en la inhalación. Esto es así porque la exhalación activa el nervio vago que disminuye la frecuencia de los latidos. El término médico para esta fluctuación de la frecuencia cardiaca, la conexión entre la respiración y el pulso, es arritmia sinusal respiratoria y es más pronunciada en las personas jóvenes con buena forma física y sin estrés. Nuestra hipótesis es que el canto es una forma de regular, controlar la respiración, ya que exhalamos cuando pronunciamos las frases de una canción e inhalamos entre cada una de ellas», explica Vickhoff.

«Sabíamos que cantar en un coro sincroniza los movimientos musculares de los cantantes y la actividad neurológica en un buen número de zonas del cuerpo humano. Ahora también sabemos que esto puede aplicarse al corazón», señala. No obstante, entre las limitaciones de este estudio está el tamaño reducido de la muestra, así que sus resultados deberán replicarse en otra investigación con un mayor número de participantes, algo imprescindible para valorar su efecto a nivel médico. «Nuestra ambición es mapear las respuestas corporales a la música y realizar aplicaciones médicas. Pero, necesitamos probarlo de una manera rigurosa, como se evalúan los nuevos fármacos», afirma Vickhoff.

Otro paso que quiere dar este grupo de investigadores es conocer si la sincronización biológica de los componentes de un coro crea una perspectiva mental común que pudiera utilizarse como un método para fortalecer la capacidad de colaboración.

Al cantar y actuar en grupo se crea una unión colectiva. «Uno sólo necesita pensar en un estadio de fútbol, cuando se cantan himnos en el colegio, en festivales, en marchas militares o en coros religiosos. La investigación muestra que los ritos sincronizados contribuyen a la solidaridad de grupo. Ahora estamos considerando analizar la música coral como una forma de reforzar las relaciones de trabajo en los colegios», indica.

Como ha explicado Begoña Ibarrola, psicóloga y terapeuta infantil, en una ponencia dentro del curso ‘Educación emocional e inteligencias múltiples’, que ha ofrecido la Universidad Católica de Valencia, «la música y la emoción» comparten una misma región del cerebro, el córtex prefrontal, según informa Europa Press. Por este motivo, «tiene la capacidad de mejorar la concentración mental, la memoria y el aprendizaje, la intuición y la creatividad».

Por este motivo, esta especialista considera que la asignatura de música en los centros educativos debe ser un objetivo prioritario, «es muy necesario que esté presente en las aulas para favorecer el desarrollo de la inteligencia emocional».

 

Fuente: El Mundo

 

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