La música y los sentimientos

Que la música tiene incidencia sobre nuestros procesos mentales, sensaciones y percepciones (es decir, sobre nuestra psicología) se ha hecho evidente a través de estudios científicos diversos a lo largo de los años. La música ejerce una importante fuerza emocional sobre las personas, sobre nuestro comportamiento en cualquier etapa de la vida.

La psicología de la música comienza su andadura allá por principios del siglo XX. Por un lado, los estudios tratan de demostrar que la música contribuye al equilibrio entre los dos hemisferios del cerebro, ya que la actividad sensorial que se deriva de la transmisión de ondas desde el oído hasta el cerebro, pasando por el sistema nervioso central, se localiza en las zonas que regulan nuestras emociones. Eso desde un punto de vista psicofisiológico.

La música está más presente en nuestras vidas de lo que pensamos. Desde que somos muy pequeños, estamos expuestos a la voz de las personas de nuestro entorno, que nos llega en forma de una melodía muy particular, especialmente la de los padres. La música está muy relacionada con la inteligencia emocional, por lo que escucharla de la forma adecuada permite desarrollar y controlar ciertas habilidades como la empatía, es decir, la capacidad de ponerte en el lugar de otra persona, de compartir sus sentimientos.

Dada la importancia de esto último, los expertos recomienda la educación musical, siendo el canto un medio de expresión muy completo.

Canciones que transmiten sentimientos

Desde las ópticas de la psicofisiología y de la psicobiología, por lo tanto, queda demostrado que la música guarda una estrecha relación con nuestras emociones. De ello se puede deducir que todas las creaciones musicales, de un modo u otro, nos transmiten ciertas sensaciones, ciertos sentimientos.

La profesora Elizabeth Margulis es la autora de un ensayo titulado “On repeat: how music plays in the mind”, del que se han hecho eco medios de comunicación como la revista GQ. Según apuntaba, una gran parte de la música que escuchamos ya la conocíamos, es decir, son canciones que ya habíamos oído que, por un motivo u otro, se convierten en nuestras favoritas. Y ella trató de desgranar ese porqué.

En primer lugar, tiene que tratarse de algo repetitivo, y esto hace referencia no solo al número de veces que escuchamos una canción, sino también a que ésta tiene una estructura reiterativa, con unos pocos elementos que se repiten una y otra vez. Si te has preguntado alguna vez por qué las canciones tienen estribillos y repiten palabras, aquí está la respuesta.

No todas las canciones reiterativas o que se escuchan mucho, sin embargo, tienen los mismos efectos en todas las personas. Entran en juego otros elementos como los recuerdos que se tengan asociados a ella o el tema mismo que se trate en la canción.

Así, en cuanto a canciones que transmiten sentimientos, cada cual tiene la suya. Y ahora ya sabemos por qué.

Efectos de la música clásica

El concepto de música clásica hace referencia a esa música que se produce siguiendo la tradición de la música litúrgica, sobre todo en la Europa Occidental. Comprende un periodo amplio, desde el siglo XI hasta la actualidad, y según los estudios posee características como que la melodía principal sea simétrica, que el acompañamiento sea suave y natural o que tenga proporciones precisas. Grandes exponentes de la música clásica son Joseph Haydn, Ludwing van Beethoven o Wolfgang Amadeus Mozart.

Mucho se ha hablado sobre los efectos que produce la música clásica, especialmente en los bebés. Tiene que ver con que en los años 90 se llevaron a cabo en Estados Unidos una serie de estudios que determinaron que la música clásica, concretamente la del último compositor reseñado, tiene efectos beneficiosos en los bebés ya desde el útero materno. Es lo que se denominaba el “efecto Mozart”.

Así pues, las armónicas piezas del austriaco, con un ritmo, melodía, tono, timbre y métrica determinadas, estimulan el cerebro humano de una forma determinada, que consigue incluso que se activen las neuronas. De esto no puede extraerse que los niños que estudian música clásica sean más inteligentes que los demás, sobre todo si se consideran estudios también realizados en Estados Unidos que permitieron sacar una observación reveladora. Se trataba de una elevación de la puntuación en los test de inteligencia tras escuchar durante 10 minutos la música de Mozart, aunque tal elevación era pequeña y temporal.

De ello puede partir la recomendación de los profesores de que los alumnos, si necesitan estudiar con música, lo hagan con las piezas del célebre compositor o de alguno de los exponentes de la música clásica, y no con los últimos éxitos del pop (que es a lo que recurre la mayoría).

La musicoterapia

Teniendo en cuenta lo evidente, y es que la música influye en nuestras emociones, ésta viene siendo utilizada desde hace mucho a modo de terapia. Ya por los años 50, el otorrinolaringólogo italiano Alfred Tomatis utilizaba la música en terapias con niños.

La musicoterapia consiste en la utilización de la música y de sus diferentes elementos en un proceso concreto que pone un marcha un especialista, y que tiene como objetivo promover la comunicación, el aprendizaje o las relaciones. También se utiliza para satisfacer necesidades físicas, emocionales, sociales, mentales y cognitivas, según la Federación Mundial de Musicoterapia.

Así pues, se consigue que un paciente manifieste un cambio gradual a través de un proceso concreto que va siendo modulado por el musicoterapeuta para conseguir esos cambios paulatinos. Éste proceso comienza con un diagnóstico y continúa con un tratamiento con fases determinadas que tienen a la música y a su tratamiento como protagonistas. Terminaría con una evaluación que habría de servir para comprobar que el proceso ha sido exitoso, determinando los beneficios en el paciente.

Según parece, la musicoterapia tiene sus antecedentes en la misma antigua Grecia. Algunos filósofos, como Platón, ya teorizaron sobre la influencia de la música, y la necesidad de utilizarla con jóvenes aprendices. Hoy día, los beneficios de la música en el plano cognitivo, físico o socioemocional, parecen demostrados sobre todo en pacientes ancianos. También se utiliza en el tratamiento de enfermedades mentales.

Sentimientos musicales del compositor

Hasta ahora nos hemos centrado en los sentimientos que provoca la música en quien la escucha, pero habría que detenerse también a pensar en quienes la componen. Muchos músicos en la actualidad se quejan de la falta de sentimiento a la hora de componer, en beneficio de canciones que son productos comerciales.

Así, es habitual que los productores musicales, que trabajan para una discográfica, escogen una armonía, una melodía y un ritmo determinado que se sabe que va a funcionar, en parte porque sigue la tendencia del momento. Después, esa canción se pone en boca de un intérprete que, además de voz, tenga presencia en el escenario y mucho carisma, lo que garantizará que la canción tenga éxito y que se haga caja.

Se apela a la necesidad de componer canciones desde el corazón, no desde el deseo de ganar dinero. De que el nacimiento de una canción vaya acompañado de un proceso de pensar en profundidad una temática, para que pueda inspirarse en alguna etapa o episodio de su vida significativo. El proceso continúa con la escritura de una letra profunda con una melodía que llevará asociados unos sentimientos concretos, como el amor, como la tristeza, eligiendo adecuadamente las notas.

Los buenos compositores, más que buscar la canción perfecta, buscan aquella que sea significativa para ellos. Al final, quedan contentos con su trabajo, y eso es lo más importante.

Música y educación emocional

En base a las evidencias científicas que demuestran que música y emociones comparten la misma región del cerebro, se extrae que la música debe tener presencia en la educación emocional de los niños y niñas.

Lamentablemente en las aulas, y a pesar de que los conflictos entre escolares crecen día a día, la educación emocional tiene un protagonismo escaso, pese a la gran herramienta que la música representa y a lo generalizada que está ésta.

Convendría trabajar la música en sus diferentes dimensiones. La Era Digital pone a disposición de los profesores una buena cantidad de recursos con los que trabajar en el aula, desde canciones sencillas que ayudan a asentar los conocimientos dados en clase, canciones populares con las que preservar el patrimonio cultural de un lugar concreto, cuentos sonoros que ayuden a interesarse por la lectura, dramatizaciones con música que ayuden a desarrollar la creatividad, etc.

Dados sus amplios beneficios, una buena idea podría ser incluir en un espacio de la casa (no hay que olvidar el papel de los padres) y de las aulas un rincón dedicado a la música. En él habría que contar con instrumentos de pequeño tamaño y fáciles de manipular, como pueden ser las claves, los triángulos o las maracas, así como otros especialmente indicados según la edad. Habría que dejar a los niños que las operaran libremente durante un tiempo determinado.

Atendiendo, pues, a sus aplicaciones y beneficios, se podría concluir incluso que la música es un instrumento necesario para la paz.

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